La convivencia entre culturas

Los judíos tras la conquista cristiana

Bajo dominio cristiano los judíos tuvieron que hacer frente a una etapa de mayor inestabilidad que la sufrida en época musulmana.

Cuando Fernando III  “el Santo” conquista Córdoba en 1236, las autoridades eclesiásticas se quejaron ya de la construcción de la sinagoga y tuvieron que abandonarse las obras; a pesar de este hecho, el rey permitió a la comunidad judía permanecer en sus barrios y le otorgó algunos privilegios. Su hijo, Alfonso X, reguló la vida de los judíos a través de varios decretos en los que se establecían entre otras medidas, la colocación en la ropa de una señal que los identificara y la limitación de las relaciones con los cristianos, para prevenir posibles influencias sobre ellos; se les prohibía ocupar cargos públicos o ejercer la medicina.

Por otra parte, también se incluían medidas para los cristianos, a los que se prohibía forzar las puertas o saquear las sinagogas, y  los obligaba a respetar los sábados y fiestas judías.

El siglo XIV contempla un recrudecimiento de las medidas antijudías, desarrollándose un ambiente de enemistad, que acabó con levantamientos de grupos cristianos contra estas  comunidades; uno de los ejemplos lo encontramos en Sevilla en 1391, donde se produjeron desórdenes, que se extendieron rápidamente al resto de Andalucía, en los que se arrasaron varias comunidades; ante esta situación, un tercio de la población judía optó por convertirse al cristianismo. (conversos)

Con la llegada de los Reyes Católicos se produjeron disturbios en la ciudad de Córdoba, que acabaron con la expulsión de los conversos. Las medidas adoptadas por los Reyes Católicos hacia la población judía y conversa distan mucho de las relaciones de tolerancia practicadas en otros momentos. En Córdoba en 1480 se les obligó  a asentarse en otros barrios, para alejarse de los conversos, lo que en muchos casos les hizo perder sus talleres y medios de vida. En 1482 fundaron en Córdoba el Tribunal de la Santa Inquisición, que tenía como finalidad la vigilancia de los conversos. En 1483 admitieron la decisión del obispo de Córdoba y del Tribunal de la Inquisición de expulsar a los judíos de Andalucía, que se dispersaron por Castilla y Extremadura, regresando a la ciudad periódicamente a vender sus bienes.

Todas estas medidas terminaron con la promulgación del Edicto de Expulsión de 1492. A los judíos se les dio un plazo de tres meses para abandonar el país, castigando con la pena de muerte al que volviera; se les prohibió sacar oro, plata, monedas, caballos, mulas, trigo y pólvora.

Como escribe Haim BeinartEspaña sin judíos se convirtió en un país distinto: una tierra en cuyas regiones, ciudades, villas y lugares ya no se encontraban aquellos mercaderes, prestamistas, médicos, judíos ricos y pobres que por tantos años las habían poblado”.